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Ryusei Ouchi, un japonés experto en skateboarding fuera de serie.
22 abril, 2020 /

Se trata de un joven japonés experto en la patineta. Nada realmente extraordinario hasta que te enteras que está prácticamente ciego y se ayuda de un bastón para continuar con su deporte favorito.

Este caso nos permite ilustrar la diferencia que hay entre el sentido de la vista y el maravilloso e intrincado universo de la memoria visoespacial. Aunque normalmente creemos que el sentido de la vista sólo incluye la vía visual primaria, en realidad una gran parte del cerebro está involucrado.

Gracias a que Ryusei Ouchi comenzó a patinar antes de perder la vista, su cerebro es capaz de reconstruir con gran precisión su entorno espacial lo que le permite hacer gran cantidad de suertes como lo muestra este vídeo:

https://youtu.be/iD23DBDBg8E

Investigaciones en monos nos permiten saber que hay en el cerebro dos «caminos» por donde viaja la información visual.

El primer camino codifica el «qué vemos» y el segundo camino codifica el «dónde está» eso que vemos. Pero en el caso de Ryusei Ouchi ocurre algo fascinante. Su sentido de orientación (conocido por los científicos como «vestibular») reemplaza la información que entraría por el ojo, y se complementa con un proceso fantástico: la estereognosia, que consiste en crear imágenes mentales a través del tacto. En este caso, un bastón tal como lo ocupa Ryusei, es un instrumento ideal para ello.

Las investigaciones más recientes en seres humanos comienzan a ayudarnos a entender qué partes del cerebro permiten a Ryusei «ver» con la mente, como se muestra en esta imagen:

En rojo se muestran las regiones de mayor actividad relativa cuando se debe recordar “qué se le mostró” a un participante mientras que en azul se muestran las regiones de mayor actividad cuando se debe recordar “dónde estaba” lo que se mostró. En ambos experimentos, lo que se mostraba eran rostros humanos. (Estudio https://doi.org/10.1073/pnas.95.3.883)

Así que no es un misterio la gran habilidad de Ryusei Ouchi, sino una clara demostración de cómo el cerebro reconstruye nuestra realidad, incluso cuando no recibe información de la que suponemos es la fuente principal de información. Fascinante, ¿no crees?


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